martes, 11 de septiembre de 2007

SOLIS



SOLIS


Dicen que viajando se fortalece el corazón

pues andar nuevos caminos te hace olvidar el anterior

Ojala que esto pronto suceda

así podrá descansar mi pena

hasta la próxima vez.

De mirada franca, lo recuerdo, contrastando con el resto de los personajes de esa historia. Delgado y bajo (la altura iba por dentro). Su rostro me desconcertaba pero por otro lado me transmitía la tranquilidad de saber que aquello era una fugaz broma del destino que se repetía generación tras generación. Hoy, al recordarlo me asalta un toque de nostalgia ya que si bien mi libertad de entonces estaba comprometida, hoy ciertos aspectos culturales asemejan una realidad vivida, realidad que yo debía conocer a pesar que significaba un retraso en mis proyectos ( y los de mi familia); Fue por eso que no quise “transar”.
Setecientos ochenta y dos!!! Se escuchó en aquella vieja “Nobles 7 Mares” que algún compañero introdujo en el aula. Antes que me diera cuenta al grito de “Me Salveeee” caía el pupitre del Pato Grassi, mientras yo recordaba el hundimiento de alguna fragata inglesa durante Malvinas: Me había tocado la Fuerza aérea. No me acuerdo mas, solo que por la tarde quería saber sobre una noticia que circulaba en los medios: El informe de la CONADEP. El cielo permaneció nublado entonces.


Y así encuentras a una paloma herida

que te cuenta su poesía

de haber amado y quebrantado otra ilusión.

Seguro que al rato estará volando

inventando otra esperanza

para volver a vivir.


Nos adentrábamos en una fría noche campestre, en la caja del Mercedes-Benz camuflado que se dirigía raudamente al puesto “Charlye”, previa parada por el “Bravo” que nos ofrecía un poco de envidia ya que pertenecía a la guardia del Escuadrón de Comunicaciones, donde los reclutas en su descanso podían mirar televisión. Unos dos kilómetros más allá esperaba nuestro destino: Los Polvorines, donde se perdía todo contacto con la civilización. El viento cortaba nuestros rostros cual sable oriental, mientras las sombras de la arboleda que cercaba el camino se desvanecía a la pálida luz de la luna que intentaba dormirse bajo un manto de neblina y el silencio abismal de lo desconocido. (Todos conocíamos el rumor que atormentaba a aquellos que lo harían por primera vez: la toma del puesto). El pánico se apoderó de mi frío cuerpo cuando de repente una estrella iluminó el rostro de Solís, y allí pude contemplar cual manantial que brota de las más bellas sierras tandilenses esa música maravillosa que aún hoy escucho en momentos de penumbra, estaba escuchando a Nebbia surgir de los labios de mi compañero. No recuerdo el nombre, pero se apellidaba Solís. Noche tras noche recorríamos la distancia que nos separaba del destino donde permaneceríamos en turnos de 3 horas girando alrededor de dos terraplenes de tierra que albergaban los galpones repletos de misiles y demás armamento, fal en mano y cubiertos hasta el último pelo de la cabeza con pasamontañas, mantas y otras cosas. Era un pequeño momento de felicidad, donde recorríamos ignotos países, nos relacionábamos con exóticas mujeres y bebíamos elixires inesperados hasta que la grito de “abajo carrera marr…” despertábamos del sueño que nos regalaba nuestro compañero.


Creo que nadie puede dar una respuesta

ni decir que puerta hay que tocar

creo que a pesar de tanta melancolía

tanta pena y tanta herida

solo se trata de vivir.


No recuerdo su nombre…; solo un rostro iluminado que nos mostraba el camino a seguir; Comprender que a pesar de la melancolía de los meses destinados a cumplir con la patria, aunque no sea la manera elegida, iba de la mano con las tremendas ganas de vivir, de hacer proyectos a un futuro no muy lejano. Nosotros estamos de paso y ellos se quedan, solía decirnos cuando algún “zumbo” nos hacía pelar codos y rodillas. Tanto desborde de vida terminó por mojar a los seres oscuros que nos rodeaban, provocando una avalancha de envidia y odio. Un día al salir notamos su ausencia. Al siguiente, allí estaba, sentado en el fondo del camión, pero ya no cantó esta vez. El día siguiente tampoco, y al tercer día nos dijeron que fue a parar a la enfermería sabe quién con que dolencia física… o psíquica.
Varios días habían pasado. La rutina del puesto ya nos horadaba el cerebro, al menos a los que hacíamos gala de poseerlo, no como otros. Un tal Aveiro, flor de desencajado social, el que un día orinó en los pantalones de aquel suboficial que ni quiero recordar su nombre; Agapito Zomera!!!, Agapito el apellido, sí!!, un caso raro. De los demás no me acuerdo bien, solo que venían del gran Buenos Aires, algunos con frondoso prontuario. Y yo entre ellos, un romántico con una niñez feliz, que ni podía imaginar las cosas vividas por esos “viejos adolescentes”. Y Solís… adonde fue?.
Aquella mañana que me sorprendió en pleno franco, aprestándome para huir de la locura por un fin de semana me lo encontré. No era él, más bien solo un rostro conocido, sin brillo en la mirada, los encantos del rock nacional resonaban como un lejano eco en la inmensidad de la Sexta Brigada Aérea. Ni una palabra. El joven subteniente que lo escoltaba no podía esconder su semblante dominado por cierto pánico, el cual trató de disimular aún más cuando le hice la “venia”. “Apártese reclutón, que esta perla se va de arresto!!”. No sé quien tuvo mas miedo entonces, la pérdida era irreparable.
Faltando días para el inicio de mis estudios en la ciudad de La Plata logré una de las cosas que marcaron mi destino: la licencia hasta la baja, ya que ésta sería en Marzo y la facultad comenzaba en Febrero ese año. Había pasado el invierno y la primavera y yo había casi superado el tormento del Servicio Militar!!!!. Tuve que hacerle la mudanza a un mayor, y el tipo quedó tan agradecido que accedió a desenmarañar la intriga que me mantenía aún atado a esas noches de guardia. Lo agarraron una mañana fumando un porro ¡!! Una de las cosas más graves que podía pasarle a un soldado. Si hasta el capellán repetía en cada misa: “Aquí están los elegidos de Dios, que son sanos de cuerpo y alma!!!, los demás son lisiados”. Y así fue como Solís recibió la baja deshonrosa y fue derivado al Penal de Batán.
Ahora existe el concepto de Capacidades Diferentes. Solís era diferente, ese pequeño hombrecito fue capaz de transformar el tormento de la colimba en un juego del “Gran Hermano”. Durante un par de años intenté rastrearlo infructuosamente. Espero que lejos de alguna cárcel para el alma haya retornado a su camino. Siempre cantando…


Dicen que viajando se fortalece el corazón

pues andar nuevos caminos

te hace olvidar el anterior

Ojala que esto pronto suceda

así podrá descansar mi pena

hasta la próxima vez.


Elfi. Setiembre de 2007

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